lipedema

¿qué es el lipedema?

El lipedema es una alteración de la distribución del tejido graso, con una gran desproporción entre la mitad inferior del cuerpo y la mitad superior. Los doctores Allen & Hines lo describieron en el año 1940 como ‘grasa dolorosa’.

Esta patología cutánea es hereditaria autosómica dominante, esto es, que basta con que uno de los padres la padezca para que la transmita a su descendencia. Se caracteriza por afectar a las piernas de forma bilateral y simétrica (a ambos miembros y con igual intensidad). Por lo general, abarca desde las crestas ilíacas (la cadera) y puede llegar hasta los tobillos. Los pies no se ven comprometidos y siempre mantienen una apariencia normal. En casos avanzados, también los brazos pueden verse afectados.

Normalmente, se desarrolla al inicio de la pubertad o cuando se producen cambios hormonales. Es un trastorno crónico, que acompañará a la persona a lo largo de su vida y que, a día de hoy, aún no tiene cura.

Es una patología que afecta casi de manera exclusiva a las mujeres. Se estima que el 11% de las mujeres adultas lo padecen. La incidencia de lipedema es de 1 caso por cada 72.000 habitantes. Pese a ello, aún es una enfermedad poco conocida y suele diagnosticarse de manera errónea como obesidad.

En ocasiones, la acumulación de grasa colapsa el sistema linfático y produce un linfedema añadido.



¿qué tipos de lipedema existen?

Los lipedemas se puede clasificar de acuerdo con dos criterios:

Según la región afectada
  • Desde las crestas ilíacas (glúteos incluidos) hasta las caderas
  • Desde las crestas ilíacas hasta las rodillas
  • Desde las crestas ilíacas hasta los tobillos
  • Brazos también afectados
  • Segmento de la pierna afectado y resto del miembro inferior libre

Según la consistencia de la piel
  • Estadio I: Apariencia irregular denominada ‘piel de naranja’
  • Estadio II: Pueden desarrollarse nódulos de grasa (nódulos subcutáneos)
  • Estadio III: Desarrollan grandes protuberancias de grasa que pueden producir importantes deformaciones, pudiendo dificultar el caminar

¿cuáles son los síntomas del lipedema?

No hay consenso científico en torno al mecanismo responsable del lipedema. Parece ser que existen múltiples causas implicadas y una de ellas es la genética.

Los principales síntomas del lipedema son:

  • Dolor a la palpación
  • Tendencia al edema ortostático (inflamación por permanecer de pie)
  • Tirantez y pesadez de las extremidades
  • Hipotermia de la piel
  • Aumento del edema en verano
  • Mantenimiento de la circometría (medición del perímetro de la extremidad) tras dietas, o con elevación de las extremidades
  • Presencia de teleangiectasias o arañas vasculares
  • Aparición de hematomas con facilidad
  • Limitación de la funcionalidad


El dolor que padecen las pacientes es producido por la inflamacIón crónica que genera el lipedema, en tanto que las alteraciones en la microcirculación son la causa más probable de los edemas.

¿cómo se detecta el lipedema?

El diagnóstico del lipedema se lleva a cabo mediante el análisis de los datos de la historia clínica, la inspección y la palpación del paciente.
El médico también puede valerse de pruebas de imagen para su diagnostico más acertado, tales como:

ECOGRAFÍA
ECO-DOPPLER
Mide el flujo de sangre de los vasos sanguíneos.
LINFOESCINTIGRAFÍA
Analiza la circulación del drenaje linfatico.

¿cómo se trata el lipedema?

El tratamiento del lipedema puede incluir diferentes terapias, dependiendo de los síntomas que se presenten, y pueden ser:

  • Tratamiento conservador con fisioterapia y compresión (TDC)
  • Presoterapia
  • Ondas de choque
  • Apoyo psicológico
  • Ejercicio / Terapia linfática acuática (ALT)
  • Dieta
 


¿existe tratamiento quirúrgico para el lipedema?

El tratamiento quirúrgico que ha demostrado eficacia en el corto y mediano plazo es la liposucción tumescente y/o asistida por agua a presión. Hace uso de técnicas, instrumental y materiales distintos a los de la liposucción tradicional.

El volumen de grasa a eliminar determina el número de intervenciones a realizar. Por lo general se precisan entre dos y seis intervenciones, con un tiempo entre cada una que oscila entre uno y seis meses.